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Victoria Cintra

Última modificación 12/01/2009 11:50
por luisg

“El huracán Katrina abrió las puertas para que nuestras costas se inundaran de indocumentados”, dice la defensora de los derechos de los migrantes en Misisipi. La avalancha de trabajadores sin papeles –muchos de los cuales llegaron a limpiar los destrozos del meteoro– trajo consigo una cadena de abusos de los empleadores y luego vino la migra. Victoria Cintra ha acompañado los trabajadores esquilmados y a los detenidos en vías de deportación. Así ha conocido a las autoridades consulares mexicanas: “Nunca he visto peores”, dice.

Por: Arturo Cano.

El dueño de Howard Industries, la compañía fabricante de transformadores eléctricos donde el año pasado fueron aprehendidos 590 trabajadores indocumentados, vive en Plantation Drive número 1. “Tú sabes lo que eso significa en ese estado sureño”, dice Victoria Cintra, coordinadora de la Alianza de Misisipi para los Derechos de los Inmigrantes (MIRA, por sus siglas en inglés).

Y uno supone que el empresario es descendiente directo de los dueños de una enorme plantación de la zona, que empleaba esclavos. Pero el caso, para la historia reciente, es que el señor Howard aprovechó la más grande redada de los últimos tiempos para evitar el pago de sus salarios ya devengados a los trabajadores detenidos. Acompañados por MIRA, los trabajadores tuvieron que hacer tres manifestaciones y promover el envío de miles de cartas para que al fin les pagaran 215 mil dólares. Muchos de ellos ya no estuvieron para cobrar sus cheques, porque fueron deportados: se los enviaron a sus países de origen.

MIRA ha logrado recuperar alrededor de un millón 300 mil dólares en salarios no pagados a trabajadores indocumentados, sólo en la costa de Misisipi. Hay casos de trabajadores que fueron contratados para limpiar los escombros que dejó el huracán Katrina, pero la práctica de no pagar se extiende hasta los casos de los deportados del año pasado.

El Departamento del Trabajo en la región está a cargo de Misisipi y Alabama, y además apenas cuenta con dos personas bilingües, explica Victoria, una maciza mujer de origen cubano. Cuando toma los casos, la autoridad puede demorar hasta dos años en recuperar salarios no pagados. Naturalmente, muchas veces los trabajadores ya se fueron para entonces.

Los indocumentados tampoco tienen de su parte a las representaciones de sus respectivos países. Según Cintra, los empleados consulares mexicanos suelen llegar haciendo gala de sus autos rentados y sus celulares, “pero nunca resuelven nada”. “A los detenidos de Laurel, que estaban en condiciones muy difíciles, ni siquiera les pudieron tramitar pasaportes gratis”.

Según la activista, los empleados consulares suelen tener un trato déspota con los inmigrantes. “Se burlan hasta de los nombres y apellidos de las personas”.

“He lidiado con muchos funcionarios, y nunca he visto peores que la gente de los consulados”. En esa materia, agrega, no hay muchas diferencias nacionales. “Los guatemaltecos o los hondureños, todos son iguales. A los 44 aprehendidos de Panamá su consulado les dijo que pidieran la salida voluntaria, pero cuando llegaron al aeropuerto les dijeron que ni modo, que no les podían pagar los pasajes porque eran muy caros”.

Victoria todavía recuerda con horror la situación de cientos de padres y madres de familia detenidos en Laurel. Casi 500 fueron enviados a una prisión que, dice Cintra, es “igual a Guantánamo”. Poco más de 100 sólo merecieron, por “razones humanitarias”, prisión domiciliaria. Claro, les fueron colocados dispositivos electrónicos en los tobillos.

MIRA ha ayudado a recuperar salarios no pagados por grandes empresas. Por ejemplo, Howard Industries, aprovechó la redada en la que fueron detenidos 400 de sus trabajadores para hacerles perdedizos sus salarios. Después de una batalla de algunos meses, pagó los 215 mil dólares que adeudaba a unos 300 trabajadores. Howard Industries fabrica transformadores eléctricos en el pequeño pueblo de Laurel, Misisipi (en la redada cayó un tercio de la población del lugar).

En la lista figuran sobre todo empresas dedicadas a la construcción, pero también hay hospitales y restaurantes, e incluso un pastor que no pagó las reparaciones de su templo.

Los abusos siguen. Tanto como el empeño de Victoria de seguir en su batallar. Como muchos defensores de los derechos de los migrantes, Victoria se opone a los programas de empleo temporal: “Si las empresas multimillonarias quieren usar el trabajo de estas personas, ¡dénles residencia, caballero, y un camino a la ciudadanía!”, dice Victoria, con su acento cubano que ha sobrevivido a huracanes y empleados consulares.

La activista subraya la paradoja de la política migratoria estadunidense, con una anécdota posterior a Katrina. Cuenta que las autoridades migratorias hicieron una redada a las afueras de una tienda Homedepot en la costa de Misisipi. “Diez millas al sur, los guardacostas estaban cuidando a los indocumentados que limpiaban las playas”.


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