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Urbano Ramírez

Última modificación 04/12/2008 19:18
por luisg

La foto no es de Urbano Ramírez, sino de sus hijos, quienes apenas lo conocieron, en su tumba. Indígena de la Montaña de Guerrero, Urbano tenía 34 años cuando murió, abandonado y solo debajo de un árbol, en un campo de pepinos de la granja Jake Taylor’s, en Carolina del Norte. El capataz se olvidó de Urbano y su cuerpo fue encontrado dos semanas después. Baldemar Velásquez, quien ganó, de manera inédita, una demanda de 110 mil dólares para los huérfanos, le escribió una canción

“Siéntate debajo de ese árbol”, le dijo el mayordomo a Urbano Ramírez, quien apenas llevaba cinco meses trabajando en la granja de Jake Taylor, en Carolina del Norte. El indígena de la Montaña de Guerrero presentaba síntomas de insolación, pero en lugar de llamar al servicio médico o de llevarlo a una clínica, el hombre de confianza del patrón lo mandó a descansar. Pero se le olvidó.

Doce días después, a mediados de 2001, hallaron su cuerpo. “Nadie me cree esta historia, piensan que exagero, pero tengo las fotos, donde se mira el cuerpo todo quemado, ya no se reconocía”, dice Baldemar Velásquez, presidente del Comité de la Organización de Jornaleros Agrícolas (FLOC, por sus siglas en inglés).

El FLOC emprendió una batalla legal hasta que, luego de tres años, logró que el Departamento de Trabajo de Estados Unidos pagara una indemnización a la viuda y los huérfanos de Urbano. Velásquez viajó a Guerrero, para conocer a Zoila Cortés, la viuda, y a los hijos de Urbano. Les compró camas y otros muebles, ropa para los niños, y estableció un convenio con la viuda para entregarle mensualmente una cantidad, además de crear un fondo para la educación de los menores.

De las conversaciones con la viuda, los miembros del FLOC han sabido que Urbano Ramirez nació en Atlixotac; que le decían El Sonrisas, por su carácter afable; que era buen jugador de futbol; y que decidió ir al norte para que sus cinco hijos tuvieran educación.

El 26 de junio de 2001, Urbano se sintió mal y fue enviado a “reposar” debajo de un árbol. Luego, el resto de la cuadrilla fue trasladada del campo de pepinos a uno de tabaco.

Dos semanas más tarde, otros trabajadores hallaron su cuerpo en descomposición debajo del árbol. Para el FLOC, la historia de Urbano “ilustra dolorosamente las condiciones de trabajo miserables que decenas de miles de trabajadores migrantes encaran cotidianamente”.

El caso de Urbano renovó el boicot del FLOC contra la compañía Mt. Olive, que envasa pepinos, y al final la empresa aceptó participar en “negociaciones históricas” y ahora paga una parte de sus ganancias a los jornaleros.

Según cifras del Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero, unos 40 mil indígenas de la región trabajan en Estados Unidos.

Además de dirigir el litigio para indemnizar a la familia de Urbano, Baldemar Velázquez le escribió una canción, que canta en inglés y español, acompañado de su Aguila Negra Band.

La canción de Urbano

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