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Oscar Chacón

Última modificación 05/09/2008 19:28
por luisg

Nació en El Salvador, aunque muchos lo creen mexicano. Quizá se confunden porque a este residente en Chicago se le ve mucho en México, o porque es una de las mentes más brillantes de la Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas (NALACC, por sus siglas en inglés), en la que participan muchos mexicanos.

La voz de Oscar Chacón es una de las más escuchadas en los temas migratorios y en el debate sobre la reforma.

Algunos experimentados dirigentes de los migrantes mexicanos lo han mirado con un recelo que él admite así: “Sí, ha habido momentos de llano desprecio, simplemente porque no soy mexicano, pero se va disipando cuando trabajamos juntos, y hay muchos que piensan que soy mexicano”.

Chacón habla desde Chicago o desde Washington. O desde el Distrito Federal, Morelia o Madrid.

En una reunión celebrada en Michoacán hará cosa de un año, algunos experimentados dirigentes mexicanos no ocultaban su celo “nacionalero” por el protagonismo de Chacón. El lo mira así: “Sí, ha habido momentos de llano desprecio, simplemente porque no soy mexicano, pero se va disipando cuando trabajamos juntos, y hay muchos que piensan que soy mexicano”.

Cuando escuchan a Oscar Chacón, los oyentes suelen agradecer la claridad conceptual y su capacidad de conducir una sesión, sin muchos aspavientos, hacia el consenso. Es simplemente experiencia.

Chacón es hoy director ejecutivo de la NALACC, red de 75 organizaciones dirigidas por inmigrantes de origen latinoamericano y caribeño, que ponen en el centro de sus acciones el mejoramiento de la vida de sus comunidades, no sólo en Estados Unidos sino también en sus países de origen.

Antes fue director de Enlaces América, un proyecto de Heartland Alliance for Human Needs & Human Rights, y durante los años noventa encabezó el Centro Presente, en Cambridge, Massachusetts.

Su historia de organizador se remonta, sin embargo, a su primera juventud, cuando en medio de la guerra debió salir de su país, El Salvador, perseguido por su participación en organizaciones estudiantiles y comunidades eclesiales de base.

Al comenzar su exilio estuvo en Nueva York (cinco años, “aunque a los tres meses ya me había conectado con otros exiliados”). Luego vivió 14 años en Massachusetts, uno y medio en San Francisco, hasta llegar a los seis que lleva en Chicago.

Se mueve, pues, en español e inglés, aunque en su idioma materno no ha perdido el acento adecuado para hablar, digamos, de las pupusas (platillo típico de El Salvador). Chacón, sin embargo, va mucho más allá del bilingüismo, porque entiende y practica la política como un asunto trasnacional, lo mismo que una creciente porción de dirigentes migrantes nacidos fuera de Estados Unidos.

Para decirlo rápido, Chacón personifica a los migrantes de primera generación que ya no están dispuestos a que hablen por ellos los liderazgos históricos de los latinos.

De ahí proviene su percepción sobre organizaciones como el Consejo Nacional de La Raza, Lulac (Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos) y Maldef (Fondo Mexicano Americano para la Defensa Legal y la Educación). Según Chacón, estas organizaciones, las más representativas del establishment latino, han tenido en los años recientes la premisa equivocada de que un buen cabildeo en Washington lograría una buena reforma.

“Esa premisa ha demostrado ser insuficiente. Claro, las organizaciones latinas históricas han sido beneficiadas con fondos del orden de los 10 millones de dólares en cinco años, pero su estrategia marcha en dirección opuesta a la realidad política.”

Se explica Chacón: “En ese mismo lapso se han aprobado unas 200 propuestas antinmigrantes en municipios y estados, ¡porque la derecha antinmigrante comenzó a invertir ahí desde hace 15 o 20 años!”

Así pues, la “premisa equivocada” ha privilegiado el cabildeo en la capital estadunidense, dejando de lado el trabajo local. “¿Cuánto dinero reciben las organizaciones con un pie en el terreno? Muy poco, sólo para algunas labores humanitarias”.

Convencidos de que las organizaciones latinas tradicionales no conceden importancia a la acción trasnacional -consideran el vínculo con el país de origen como “un asunto de nostalgia”- los grupos emergentes, como la NALACC, buscan influir en sus países de origen.

Hoy, en pleno fervor electoral en EU, han apretado las redadas contra los sin papeles. Las más recientes, como decía Chacón el año pasado, reciben una publicidad inmensa y de ese modo cumplen quizá con un objetivo no declarado: que los migrantes estén dispuestos a aceptar cualquier reforma, así sea una que ponga por delante el tema de la “seguridad nacional”. Chacón y otros líderes migrantes son de los que no van con la finta.


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