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Dolores Huerta, la historia viva

Última modificación 10/05/2010 21:51
por luisg

¿Y cómo le hace esta anciana de casi 80 años para conectar con los jóvenes? Dolores Huerta los emociona, les hace gritar “¡yea!” y también “¡sí se puede!”, cuando les habla en esa mezcla de agitadora de los campos, predicadora y abuelita. ¿Qué hace la cofundadora de la organización de César Chávez? Hace que los jovencitos de high school residentes en Phoenix se sientan parte de una historia que no comenzó ahora, con la ley SB 1070

Por: Arturo Cano 

Phoenix. “Nos van a echar la culpa de eso”, advierte, el último viernes de abril, por la tarde, Dolores Huerta, figura emblemática de la lucha de los migrantes, fundadora de la unión de jornaleros al lado de César Chávez.

La escuchan un montón de muchachitos que hoy no se salieron de las escuelas, como hicieron una semana atrás, sino que esperaron el fin del horario escolar para venir a protestar al Capitolio, al lugar donde los legisladores estatales de Arizona aprobaron una ley que podría llevarlos a la cárcel si, por ejemplo, manejan un automóvil y llevan como pasajeras a sus madres. Claro, si las madres no tienen documentos.

Habla Dolores Huerta, mayormente en inglés: “Nos van a echar la culpa, pero debemos responder con la no violencia; debemos amor a quienes nos odian”.

Se refiere la dirigente de la Unión de Trabajadores del Campo (UFW, por sus siglas en inglés) al asesinato, esa misma tarde, del ayudante del sheriff en un condado cercano.

Los noticieros de televisión y radio dan por hecho, desde el principio, que el atacante fue un “ilegal”, puesto que la zona donde ocurrieron los hechos, en un paraje cercano a Casa Grande, es conocida por ser un “corredor de tráfico de ilegales y drogas”, según la policía.

“Nos van a echar la culpa”, dice Huerta, y en esa frase resume el clima de la Arizona de la era Obama: los inmigrantes son culpables de la crisis económica, de la delincuencia, de todos los males del planeta.

Huerta llega a Phoenix para dar la batalla contra la ley SB 1070, una más de las muchas en su larga trayectoria de organizadora que arrancó en 1955. Nacida en Nuevo México, hija de un activista sindical y legislador estatal y de una empresaria que, más tarde, se la lleva al Valle de San Joaquín, en California, donde la familia brinda alojamiento a familias campesinas en el hotel de su propiedad.

En 1962, Huerta participa en la fundación de la organización que antecede a la UFW y participa en el célebre boicot de la uva, que obliga a las compañías vitivinícolas de California a firmar contratos con sus trabajadores.

Desde entonces, Huerta ha participado en numerosas luchas de los trabajadores agrícolas, indocumentados o no.

Dueña de un perfecto español, en septiembre de 2003 fue nombrada integrante de la Junta de Regentes de la Universidad de California.

Y aquí sigue, haciendo que los jovencitos, que podrían ser sus bisnietos, griten “¡Sí se puede, sí se puede!”, la consigna acuñada por César Chávez, y muchos años después retomada por el primer negro ganador de la presidencia de Estados Unidos. La arenga termina con ese grito. Dolores Huerta pide a los muchachos que hagan un círculo y los conmina a cantar De Colores. Luego, una muchacha con piercing en los labios, que asemejan colitas de diablos, pide cantar We shall overcome, de Bruce Springsteen. Dolores Huerta también se la sabe y canta la rola que dice: “Un día venceremos”.


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