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Alejandro Solalinde

Última modificación 20/02/2009 22:40
por luisg

Ver a este sacerdote católico tras las rejas ya no es un asunto fuera de lo común. Ha sido encarcelado un par de veces por estar del lado de los migrantes centroamericanos cuando son perseguidos por las policías locales. Desde hace poco más de tres años, Solalinde, coordinador de la Pastoral del Migrante en la zona sur, mantiene abierto un albergue para los viajeros más pobres que se dirigen a Estados Unidos a bordo del tren de carga. En estos días, una caravana de madres y familiares de centroamericanos desaparecidos llega hasta su casa para rendirle un homenaje.

La posada de los migrantes


Por: Redacción

Veinticuatro madres, esposas y hermanas que desconocen el paradero de sus familiares, migrantes que salieron de El Salvador rumbo al norte, viajan desde el lunes 9 de febrero por la ruta de sus parientes perdidos.

El día 12, el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos (COFAMIDE) de El Salvador llegará a Ciudad Ixtepec, Oaxaca, para expresar su reconocimiento al sacerdote Alejandro Solalinde Guerra “por su ayuda desinteresada y solidaridad con los migrantes salvadoreños”.

Coordinador de la Pastoral de la Movilidad Humana en Zona sur-Pacífico, Solalinde ha enfrentado un permanente acoso y agresiones directas tanto de autoridades locales como de grupos ligados al crimen organizado.

Su “delito” es mantener abierta un albergue que ofrece techo y comida de manera temporal a los migrantes que viajan en el ferrocarril rumbo al norte.

Los migrantes que viajan en el tren conocido como La Bestia, son víctimas de abusos de todo tipo, por parte de corporaciones policiacas, de agentes migratorios y de integrantes de las Fuerzas Armadas. Igualmente, padecen asaltos, violaciones y secuestros, cuando no asesinatos, perpetrados por bandas de delincuentes que, según Solalinde, son controladas por Los Zetas. En los últimos años, se han multiplicado los secuestros con fines de extorsión. Los migrantes son atrapados y encerrados en casas de seguridad, y los delincuentes exigen a sus familiares en Estados Unidos que depositen dinero para liberarlos.

En enero de 2007, por ejemplo, un grupo de 18 indocumentados, la mayoría guatemaltecos, fueron secuestrados en Ixtepec. Unos cien migrantes, indignados, rodearon la casa donde presuntamente los tenían cautivos. La policía municipal llegó, pero no para rescatar a los secuestrados, sino para enfrentar a los migrantes a quienes dispersó con gases lacrimógenos. Varios de ellos fueron apresados, incluyendo el sacerdote Solalinde.

El 1 de junio del año pasado, un migrante centroamericano fue señalado por la violación de una menor de edad. Policías municipales de Ixtepec llegaron a buscarlo al albergue “Hermanos en el Camino” que dirige Solalinde, pero no lo hallaron.

Unas semanas más tarde el alcalde de Ixtepec, 14 policías y tres decenas de personas amenazaron a Solalinde con prender fuego al albergue si no lo cerraba en 48 horas.

En esos días, organismos de derechos humanos mexicanos lanzaron una “Acción Urgente” para proteger al párroco. Los activistas condenaron los “actos que se producen dentro un clima de frecuente hostigamiento sufrido por diversos movimientos y personas que defienden los derechos humanos en el Estado de Oaxaca y más generalmente en México”.

Igualmente subrayaron que la labor de Solalinde “lo coloca en una situación de extrema vulnerabilidad, en un contexto de violaciones sistemáticas cometidas por las autoridades federales y locales en contra los migrantes en México y en particular en Ixtepec”.


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