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Obama y las redadas

Última modificación 26/01/2009 15:14
por luisg

Se impone urgentemente que el nuevo presidente de Estados Unidos atienda de frente el fenómeno migratorio. De lo contrario, el movimiento latino, que ya ha mostrado su músculo político, seguramente no dudará en hacer sentir su poder electoral en la primera oportunidad

Por: Eduardo González Velázquez

Ya no hay tiempo para llegar, Barack Obama despacha en la oficina oval de la Casa Blanca. Ya no hay tiempo de espera, las promesas de campaña tendrán que transformarse en acciones de gobierno. Ya no hay tiempo para la especulación, los problemas son demasiados y muy complejos, y la sociedad estadunidense y el mundo en general exigen soluciones. Así de urgente es la tarea que tiene a cuestas el presidente de Estados Unidos: la mayor recesión económica de los últimos ochenta años; dos guerras que parecen no tener fin; la violación sistemática a los derechos humanos en nombre de la “lucha contra el terrorismo”; un déficit fiscal que vulnera la estabilidad de las finanzas estadunidenses; una migración indocumentada de mexicanos y latinoamericanos en general que no se detiene ni ante las difíciles condiciones económicas del vecino del norte, ni la militarización de la frontera, ni la construcción del muro. Según las diferentes encuestas levantadas desde el año pasado, para la sociedad norteamericana en su conjunto, incluida la población de origen latino, el principal problema que se debe solucionar es el económico. Atender la problemática migratoria se encuentra en cuarto o quinto lugar entre las prioridades de los estadunidenses y desde luego del gobierno. A pesar de ello, las presiones por una reforma migratoria han comenzado desde el arranque del nuevo gobierno.

Si bien es cierto que hablar de una reforma migratoria incumbe a todos los poderes del gobierno norteamericano, las facultades que le otorga la Constitución de Estados Unidos al presidente le permiten llevar a cabo una serie de políticas en relación al tema migratorio sin la necesidad de consultar con la Cámara de Representantes o con el Senado. Desde luego que en estos momentos de arranque y con tantos pendientes por resolver, el tema de una reforma migratoria se ve poco probable, incluso a lo largo del primero periodo presidencial será difícil que se aborde; no lo es en cambio, el que el jefe del Ejecutivo estadunidense ordene la suspensión de las redadas y las deportaciones que tienen lugar en Estados Unidos desde principios de 2006 por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Por ello, una coalición nacional de organizaciones defensoras de migrantes ha comenzado las movilizaciones para exigir el cese inmediato de la política de criminalización y persecución de los migrantes.

Asimismo, piden la resolución de la medida Dream Act que permitiría la legalización de alumnos indocumentados. Al respecto se habla de unos tres millones de estudiantes indocumentados que hoy esperan legalizar su estancia en Estados Unidos. Por otro lado, exigen que se detenga el rápido crecimiento de la Patrulla Fronteriza que se ha convertido en la mayor fuerza policial armada del gobierno federal, luego de haber duplicado su tamaño en los pasados ocho años del gobierno de George W. Bush, al pasar de 9 mil a 18 mil 49 elementos (La Jornada, 8 de diciembre de 2008).

Los latinos no han querido esperar más tiempo y han comenzado a recordarle a Barack Obama que ellos votaron en un 70 por ciento por él, y que están dispuestos a castigar a su gobierno, como lo hicieron con el Partido Republicano, en respuesta a las políticas antimigrantes que atizó el sector más conservador de ese partido, de no recibir un beneficio concreto con medidas positivas para los latinos. Las diversas organizaciones latinas han dicho que si a más tardar para febrero o marzo de este año no se ponen en marcha acciones concretas en su favor, volverán a salir a las calles de Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Dallas, Phoenix para hacerse escuchar.

 Aunque no sea prioritaria la problemática migratoria deberá atenderse cuanto antes, de lo contrario continuarán las redadas, las deportaciones, el tráfico de personas y  las muertes en el desierto. Sólo en 2008, 700 migrantes murieron en la frontera; además, el año pasado 400 mil mexicanos fueron regresados al país y 135 mil niños están abandonados en Estados Unidos porque uno o ambos padres no tienen residencia legal y fueron deportados. Esto sin tomar en cuenta que mientras no exista un marco legal que permita el libre tránsito de mano de obra al vecino del norte las ganancias generadas por los millones de migrantes seguirán concentrándose en pocas manos y no llegarán a quienes las producen. Por todo ello, se impone urgentemente que Barack Obama atienda de frente el fenómeno migratorio, de lo contrario el movimiento latino que ya ha mostrado su músculo político seguramente no dudarán en hacer sentir su poder electoral en la primera oportunidad.


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