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Frontera sur: frontera olvidada, frontera negada

Última modificación 18/12/2008 19:48
por luisg

Algunos la llaman la “última frontera”, en realidad parece la frontera “inexistente”. Es la frontera Chiapas-Guatemala, donde el río Suchiate se significa como el húmedo testigo del cruce diario “sin papeles”, sea caminando entre sus aguas o a bordo de una “balsa” de fabricación casera y propiedad guatemalteca. La migración; el tráfico de drogas, armas y mercancías diversas; la trata y el tráfico de mujeres y niños, y el maridaje de las autoridades con el crimen organizado; dan forma a una parte de la realidad de nuestro sur que languidece ante la indiferencia de la sociedad.

Por: Eduardo González Velázquez

Lo ilegal y lo vulnerable contextualizan la territorialidad de la miseria con su semblante de extorsión, asalto, abuso sexual, detención ilegal, deportación, discriminación y mutilación del cuerpo y de los sueños. La vida de los migrantes transcurre en soledad, “maldita y arruinada soledad sin uno mismo”, diría Jaime Sabines. Los migrantes se amarran a la vida para no caerse de ella como lo hacen en el ferrocarril que suponen los sacará de su pasado, no sin antes pagar entre cien y mil 500 pesos. El precio determina la “seguridad” y lo apartado del “aire del tren que te chupa”. El camino es largo: Tapachula-Nueva York 4 mil 375 kilómetros; a Los Angeles 4 mil 25; y a Chicago 3 mil 678. Si se renuncia a “viajar” en la “bestia” hasta la frontera norte el precio pesa aún más: 25 mil pesos el trayecto completo. El primer tramo lo cubren los transportes “tijuaneros”. Después de la frontera norte, el futuro se pinta de novedad.

Frontera de albergues con escasos recursos que rebosan migrantes mutilados, golpeados, abusados sexualmente, asaltados, agotados, hambrientos, baleados, macheteados, con VIH/Sida, sin familia. Migrantes que dejan “jugosas ganancias”. Migrantes con la mirada puesta en el “norte” y con su historia anclada en el “sur”.

Frontera permeable por donde pasa todo. Frontera vacía de autoridades que sólo “exigen cuotas de detenidos”. Frontera de criminales “maratizados”. Frontera de fincas cafetaleras donde pagan 70 pesos por jornada; y sirven frijoles y tortillas dos veces por día en las manos de los campesinos cuando éstos no han llevado sus trastes para recibir la comida. Frontera donde pareciera que la pobreza deja sólo dos salidas: la ilegalidad o la criminalidad.


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