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Barack Obama y el peso de las promesas

Última modificación 04/12/2008 18:47
por luisg

La estrategia para alcanzar el cambio prometido por Barack Obama no parece tener a los hombres y mujeres indicados. Ojalá que los nuevos nombramientos no jueguen en contra del próximo presidente. Obama no debe suponer que los problemas de su país se solucionarán por el sólo hecho de que George W. Bush no esté en la oficina oval.

Por: Eduardo González Velázquez

El próximo 20 de enero Barack Obama llegará a la Casa Blanca con una pesada maleta llena de promesas y asuntos pendientes por resolver: la recesión económica; las guerras en Irak y Afganistán; la migración indocumentada y la seguridad interior; un sistema de salud y de pensiones sensiblemente tocado por la urgencia económica; el desempleo galopante y la inflación constante; las relaciones diplomáticas conflictivas con varios países de Medio Oriente, Asia y América Latina; la llamada “guerra contra el terrorismo”, entre otros. Si bien es cierto, que en varios de estos problemas la sociedad y el gobierno de Estados Unidos ya han tocado fondo, por lo que sólo restaría subir, con el equipo de trabajo que ha nombrado en las últimas semanas no se ve fácil alcanzar la meta. Pensar que el solo hecho de sacar a George W. Bush de la Casa Blanca es garantía de solución a al cúmulo de problemas por los que atraviesa Estados Unidos, puede ser un gravísimo error de apreciación política que le puede ocasionar una severa resaca a la sociedad y al gobierno estadunidense luego del festín del 4 de noviembre pasado. Errores históricos de este tipo abundan en nuestro hemisferio, no estaría de más que Obama se mire en nuestro espejo.

A lo largo de estas dos semanas Barack Obama ha presentado al equipo económico y de seguridad que lo acompañará en sus primeros años de gobierno. Casi todos los designados tienen una larga trayectoria política y son figuras reconocidas en Estados Unidos. Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal durante las administraciones de Jimmy Carter y Ronald Reagan, junto con Lawrence Summers, serán asesores presidenciales en políticas económicas; Timothy Geithner, fue nombrado secretario del Tesoro; Hillary Clinton se hará cargo del departamento de Estado; Robert Gates continuará como secretario de Defensa; el general retirado James Jones será asesor de Seguridad Nacional; en Comercio estará el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, quien será el latino de mayor rango en el próximo gobierno; en Salud y Recursos Humanos fue designado el ex senador Tom Daschle; el procurador general será Eric Holder; como embajadora ante la ONU fue nombrada Susan Rice; y como secretaria de Seguridad Interna se designó a la gobernadora de Arizona Janet Napolitano. Rahm Emanuel será el jefe del equipo de la Casa Blanca y Greg Craig fungirá como consejero legal, ambos provienen del equipo de Bill Clinton.

Los nombramientos del primer círculo presidencial arrojan pocas expectativas sobre un verdadero cambio en asuntos como seguridad, guerra contra el terrorismo y migración. En principio ni uno solo integrante del equipo de seguridad nacional y política exterior del próximo presidente se opuso a la guerra contra Irak. Incluso durante la campaña por la nominación presidencial del Partido Demócrata, Hillary Clinton no dudó en afirmar que en caso de ser presidente a la menor provocación de Irán sobre Israel no lo pensaría dos veces para ejercer toda su fuerza contra la República Islámica. Con esa secretaria de Estado poco podemos esperar en cuanto a una mejora en las relaciones de Estados Unidos con países que la Casa Blanca considera enemigos.

Y en el asunto migratorio las cosas no pintan diferente. Sabemos que en el primero periodo presidencial norteamericano los inquilinos de la Casa Blanca no tocan temas delicados que pudieran ocasionarles “problemas” para conseguir la reelección, por el contrario los temas “espinosos” se abordan en un segundo periodo de gobierno en caso de conseguir la reelección. Aunado a esto, el nombramiento de Janet Napolitano, gobernadora de Arizona, al frente del Departamento de Seguridad Interna indica que para los migrantes las cosas no serán sencillas. No olvidemos que Janet Napolitano fue la primera gobernante en solicitar la presencia de las tropas de la Guardia Nacional para asegurar la frontera, anticipándose en cuatro meses a la idea de George W. Bush.

Lo que probablemente pueda pasar es que Janet Napolitano impulse cambios en la política migratoria actual contra la cual ha protestado, y con ello aumente la vigilancia en la frontera y se incrementen las redadas. La gobernadora de Arizona se ha quejado reiteradamente que el gobierno federal ha eludido sus deberes de asegurar la frontera, y que la tarea así como los costos son endosados a los estados fronterizos. Si bien el Departamento de Seguridad Interior tiene una serie de deberes no vinculados con la migración, tales como proteger al presidente y coordinar respuestas en situaciones de desastre, también administra tres agencias dedicadas a lidiar con problemas de los indocumentados. Aunque Janet Napolitano está al tanto de la complejidad migratoria continuamente da muestras de caminar en la cuerda floja y de tener actitudes de claroscuro frente a la migración ilegal. Por ejemplo, al principio de su mandato se resistió a los esfuerzos para reprimir a los indocumentados, pero luego aprobó medidas para frenar su ingreso. Desde un principio se opuso a la construcción del muro en la frontera por el elevado costo que tendría y lo poco eficiente que resultaría, pero promovió el reforzamiento de la frontera con más personal y tecnología de punta; e incrementó las sanciones a los patrones que contratan a indocumentados. Para la funcionaria un sistema de migración deberá estar sentado en tres pilares fundamentales: 1) desarrollar iniciativas tecnológicas para el control de la frontera, colocar sensores, radares y vehículos aéreos no tripulados; 2) elaborar una reforma al sistema de visas de manera que se pueda ampliar el número de personas que ingresen a Estados Unidos para trabajar en forma legal y se desaliente con ello el ingreso ilegal; y 3) crear un estricto y exigente camino a la ciudadanía que involucre el aprendizaje de inglés, el pago de una multa y el no tener antecedentes delictivos. Para tratar asuntos de política migratoria hubiese sido una mejor opción el senador por Illinois Luis Gutiérrez, quien tiene varios años trabajando muy de cerca con la comunidad latina, y desde el Senado ha impulsado reformas favorables a los migrantes.

La estrategia para alcanzar el cambio prometido por Barack Obama no parece tener a los hombres y mujeres indicados. Ojalá que los nuevos nombramientos no jueguen en contra del próximo presidente. Obama no debe suponer que los problemas de su país se solucionarán por el sólo hecho de que George W. Bush no esté en la oficina oval. Mantener en puestos claves a los hombres y a las mujeres de la vieja guardia política norteamericana puede ser un error que cueste muy caro. Por el bien de Estados Unidos y del mundo se impone que el gobierno de Barack Obama asuma la responsabilidad que le toca y actúe en consecuencia.



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