Migrantes detenidos en EU pierden libertad… y salud
Más de 300 mil personas estuvieron “bajo custodia migratoria” en los últimos 12 meses en Estados Unidos. Aunque el promedio de estancia es de 38 días, muchos de los detenidos, la mayoría sólo culpables de ser migrantes sin documentos, añaden a su encierro el riesgo de enfermar, de empeorar si están enfermos o incluso de morir, debido a la pésima o inexistente atención médica en los centros de detención.
Por: Arturo Cano
El Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos trampea, demora o incluso niega atención médica a los inmigrantes detenidos, lo que ocasiona “sufrimiento e incluso muertes”. Lo anterior forma parte de las conclusiones de dos estudios realizados por Human Rights Watch (HRW) y el Centro para la Defensa de Inmigrantes en Florida (FIAC, por sus siglas en inglés).
Ambos grupos afirman que la atención médica a los inmigrantes detenidos es “peligrosamente inadecuada”, y que tiene consecuencias particularmente delicadas para las mujeres.
El
informe “Detenidas y descartadas: Las luchas de las mujeres para obtener
cuidados de salud en la detención inmigratoria”, de 78 páginas y elaborado por
HRW, “documenta decenas
de casos en los cuales el personal médico del ICE no respondió en absoluto a
los problemas de salud de mujeres detenidas o lo hizo sólo después de largas demoras”.
Las mujeres detenidas describen en el informe abusos como la colocación de
grilletes a mujeres embarazadas, no ofrecer atención cuando hay “señales” de
cáncer de mama o cérvico uterino, así como “afrentas a su dignidad”, según Meghan Rhoad, investigadora de
la División de Derechos de las Mujeres de HRW. “En vista de que la detención
inmigratoria es la forma de encarcelamiento de más rápido crecimiento en
Estados Unidos, estos abusos son especialmente peligrosos. En gran medida
permanecen ocultos del escrutinio público y de una supervisión eficaz”.
Las mujeres dijeron que tenían que luchar a fin de obtener servicios que
podrían salvarles la vida, tales como pruebas de Papanicolaou para detectar el
cáncer de cérvico uterino, mastografías, atención prenatal, asesoramiento a
sobrevivientes de violencia e incluso suministros básicos como toallas
sanitarias o extractores de leche para madres lactantes.
El informe del FIAC “Muriendo
por falta de atención digna: Mala medicina en la custodia inmigratoria”),
identifica fallas que han resultado en “una respuesta deficiente, y algunas
veces pavorosa, a los problemas de salud. Éstas incluyen: falta de supervisión
independiente para asegurar la calidad y eficacia de la atención médica a
personas detenidas; demoras y denegación de cuidados; insuficiencia de personal
calificado; cuidado inapropiado de pacientes con enfermedades mentales y
discapacidades físicas; problemas con la medicación; dificultad para acceder a
historiales médicos; falta de intérpretes competentes y profesionales; conducta
cruel y abusiva por parte de algunos miembros del personal clínico y penitenciario;
centros insalubres y hacinados, además de la transferencia o segregación de
personas detenidas como represalia por haber presentado quejas sobre la
atención médica”.
“Las tasas de mortalidad en la detención parecen estar empeorando”, según Cheryl Little, directora
ejecutiva del FIAC. “El ICE detiene innecesariamente a personas que padecen
enfermedades graves y a quienes no representan daño alguno para comunidades en
Estados Unidos. Esto eleva los costos del ICE pese a que la agencia proporciona
una atención médica y de salud mental cada vez más inadecuada a personas bajo
su custodia”.
Los informes se basan en múltiples fuentes, que incluyen la correspondencia de detenidos, entrevistas con funcionarios y personal médico de las prisiones, así como visitas a diversos centros de detención.
Las
mujeres constituyen aproximadamente 10 por ciento de la población bajo
detención inmigratoria. Aunque se trata de violaciones de las leyes
inmigratorias, es decir, infracciones civiles, no penales, algunas personas
pueden ser retenidas por meses o incluso años.
HRW y el FIAC han exhortado al gobierno de Barack Obama a:
1) asegurar que de manera justa y rápida se consideren la libertad condicional y alternativas a la detención para personas actualmente detenidas –incluyendo a aquellas que están enfermas, mujeres lactantes y embarazadas, así como solicitantes de asilo y otras personas a quienes no se debería detener;
2) emitir regulaciones federales a fin de que las normas de detención de la agencia inmigratoria tengan fuerza de ley y que las personas detenidas y sus defensores puedan recurrir a los tribunales para remediar las deficiencias en los cuidados de salud; y revisar las políticas que limitan el acceso a servicios no urgentes.
3) abstenerse de detener a mujeres que estén sufriendo los efectos de persecución o abuso, o que estén embarazadas o amamantando a infantes;
4) adoptar normas específicas relativas a los servicios de salud para mujeres, incluyendo los de salud reproductiva; y prohibir la colocación de grilletes a embarazadas.
“Sólo un escrutinio independiente y externo de la atención médica para personas detenidas asegurará que el Departamento de Seguridad Nacional y el ICE cumplan con su responsabilidad moral y legal de velar por la salud y seguridad de las personas detenidas”, sostuvo por último Susana Barciela, directora de políticas del FIAC.
Los testimonios
En
el informe del FIAC:
“En
la clínica, yo ya no podía hablar, sólo llorar. Una enfermera me dijo que lo
lamentaba, pero el doctor había renunciado, así que no se contaba con ningún
médico. Me senté en una silla y me agarré el estómago. ... Pensé que iba a
morir”. Miguel Bonilla Cardona, quien sufrió perforación del apéndice en una
cárcel municipal contratada por el ICE en el centro de Florida.
“Inmediatamente mi cuerpo empezó a temblar. Sentí tanto frío que pensé que me iba a congelar hasta morir, pero al mismo tiempo estaba sudando... Pocos minutos después tuve una convulsión y mi cuerpo comenzó a sacudirse tan violentamente que me caí de la cama al piso”. Zena T. Asfaw, al describir la experiencia que casi acabó con su vida, luego de que fue obligada a tomar un medicamento equivocado en un centro de detención en California.
En el informe de HRW:
“Me preocupa mucho mi seno. Le dije a mi familia, ‘No me pidan [que apele mi caso inmigratorio]’. No estoy bien y tendría que quedarme sin atención médica. No sé de un mes al otro... las cosas podrían empeorar en mi pecho. Me está doliendo. ¿Qué se supone que debía hacer, morir de cáncer aquí? Con atención adecuada, sí, me quedaría hasta el final. Porque 22 años de mi vida [han transcurrido en Estados Unidos]. Mis hijos tienen 12 años y Estados Unidos es lo único que conocen. ¿Depresión, alimentos inadecuados, detención? Sí, incluso así me habría resistido indefinidamente”. Antoinette L., Arizona, mayo de 2008.
“Se supone que me debían hacer una prueba [de Papanicolaou] cada seis meses. Le pedí a mi hija que enviara el historial. Lo recibí y se lo llevé al personal médico para que vieran que no estaba mintiendo. He pedido muchas veces... Es terrible porque sientes que tienes algo que te puede provocar la muerte... y no recibes ayuda”. Lucía C., Nueva Jersey, mayo de 2008. A ella no se le realizó ninguna prueba de Papanicolaou durante más de 16 meses que estuvo detenida.
El informe de Human Rights Watch está disponible en:
http://www.hrw.org/node/81430
El informe de Centro para la Defensa de Inmigrantes en Florida puede consultarse en: http://www.fiacfla.org/