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Mexicanos migrantes: en las cárceles y en las universidades

Última modificación 17/03/2009 22:00
por luisg

El endurecimiento de las leyes migratorias ha ocasionado que se registre un incremento sin precedentes de latinos en las cárceles de Estados Unidos. Los mexicanos que un sheriff racista de Arizona exhibe con trajes a rayas y calzones rosas, van de la mano de los inmigrantes educados que también en masa van al vecino país. Por cada cinco personas con maestría y cada tres con doctorado que viven en México, hay uno que se fue al otro lado.

Por: Eduardo González Velázquez
 

En el fenómeno migratorio México-Estados Unidos se pueden apreciar varias caras de una misma moneda, caras que desde luego no muestran la misma textura, incluso son contradictorias entre sí. Veamos dos caras del fenómeno: por un lado, los migrantes, mexicanos en particular e hispanos en general, que se encuentran recluidos en cárceles del vecino del norte, y por otro lado los migrantes con una preparación académica superior que están dejando nuestro país por la falta de oportunidades para su desarrollo académico y profesional.

Si bien la migración no es un hecho criminal en sí mismo, existen miles de migrantes que por el endurecimiento en los últimos quince años de las leyes migratorias en Estados Unidos se encuentran hoy en día recluidos en cárceles federales, estatales y locales norteamericanas, situación que ha venido a cambiar la composición étnica de los convictos en los tres niveles de gobierno. Las cifras publicadas hace quince días dan cuenta del fenómeno. En 2007, el 40 por ciento de los delincuentes sentenciados en cortes federales eran latinos; más del triple que el 13 por ciento de su proporción demográfica en la Unión Americana, frente a un 27 por ciento de blancos, 23 por ciento de negros y el restante 10 por ciento compuesto por asiáticos, indígenas estadunidenses o de otros orígenes. Asimismo, si atendemos a la totalidad del universo migrante purgando una condena una cuarta parte de los convictos a nivel federal son hispanos. Si comparamos las prisiones federales, estatales y locales, los latinos ocupan el 30 por ciento de los detenidos en prisiones federales, el 19 por ciento en las estatales y el 16 por ciento en las locales. En las prisiones estatales un 36 por ciento de los detenidos son blancos y un 39 por ciento negros; y en las locales los blancos abarcan el 43 por ciento y los negros el 39 por ciento. Siguiendo con el año 2007 el 29 por ciento de los delincuentes federales latinos eran ciudadanos estadunidenses, contra 72 por ciento que no lo eran. En contraste, sólo 8 por ciento de los delincuentes blancos y 6 por ciento de los afroamericanos sentenciados en cortes federales no eran ciudadanos estadunidenses.

Una de las razones por las cuales estas cifras se han elevado de manera drástica se puede encontrar en que los delitos en materia de migración, a diferencia de la mayoría de los otros delitos, son de jurisdicción exclusiva del ámbito federal, no estatal ni local. Así, entre los delincuentes hispanos sentenciados en cortes federales en 2007, ocho de cada 10 lo fueron, bien por delitos relacionados con migración con el 48 por ciento o relacionados con las drogas con un 37 por ciento. Un dato interesante es que, si bien los hispanos son más propensos a recibir sentencias de prisión, también son quienes reciben las penas más cortas. Esta situación obedece a que una vez detenidos les fincan un cargo, por ejemplo robo de identidad, y sean culpables o no, de aceptar el cargo obtienen su libertad en cinco meses; así que prefieren estar libres antes de quedarse al menos un año en prisión, incluso aunque esto signifique que nunca más podrán contar con ningún tipo de estatus migratorio en Estados Unidos. Evidentemente luego de ser detenidos y acusados, en el corto plazo, la salida de aceptar una sentencia corta a cambio de la “libertad” se paga a un precio muy alto (Centro Hispano Pew. La Opinión, 19 de febrero de 2009).

Por otro lado, la migración mexicana comienza a tener “cara de profesionistas” con licenciatura, maestría o doctorado. Hoy en día son más de 575 mil migrantes con universidad o posgrado que han abandonado nuestro país ocasionando un impacto de más de 100 mil millones de pesos, cantidad cuatro veces mayor al presupuesto anual de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y 25 por ciento de los recursos que ejerce la Secretaría de Educación Pública (SEP). La sangría poblacional de México no sólo se concentra en gente procedente del campo, sino que cada día aumentan los migrantes expulsados de las ciudades, y con estudios universitarios. El ritmo de mexicanos expulsados con posgrado llega a unos 20 mil connacionales por año. Este éxodo ha hecho que por cada cinco personas con maestría y tres con doctorado residentes en México, hay otro connacional en Estados Unidos (La Jornada, 3 de marzo de 2009). De tal manera que no sólo el campo estadunidense es trabajado con manos mexicanas, sino que también los centros de investigación norteamericanos aprovechan el capital humano preparado en nuestro país o en el extranjero pero con recursos nacionales para incrementar y enriquecer la generación de ciencia y tecnología en el vecino del norte. Se impone pues, que el gobierno ponga en marcha las políticas necesarias para repatriar o mantener en nuestro país a los académicos de diversas áreas del conocimiento.

Así las cosas, dos caras del mismo fenómeno, hasta en la migración existe la selección: miles de migrantes terminan en prisión, y miles más como académicos en las universidades.


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