La migración, un derecho humano
Presidenta del Comité de Migraciones de la Internacional Socialista (IS), Amalia García Medina, gobernadora del estado mexicano de Zacatecas, reflexiona en estas páginas sobre los retos de los partidos que integran ese organismo frente al fenómeno migratorio y sobre la “perspectiva mexicana” de la migración: “Propuestas claras y precisas, así como la movilización de nuestra comunidad, serán claves para seguir abordando desde la perspectiva mexicana, el fenómeno migratorio, que se recrudecerá –de ida y de regreso- ante la perspectiva del agravamiento de la actual crisis financiera internacional”.
Por: Amalia García Medina
Bajo el lema, La Migración un Derecho Humano, fue instalado el Comité de Migraciones de la Internacional Socialista en Zacatecas, en junio de 2004, del cual fui electa Presidenta. Como Vicepresidenta se eligió a la Secretaria de Migración de Marruecos, Nouzha Chekrouni. No es casual nuestra designación, ya que se trata de México y Marruecos, dos países que en sus respectivas regiones, tienen las mismas características migratorias, pues receptores, de tránsito y emisores de migrantes.
Nuestro Comité realizó múltiples seminarios y foros de los cuales se generó un extenso informe que presentamos en el Congreso de la Internacional Socialista de Atenas, en el verano de 2008. En el Consejo de la Internacional Socialista, celebrado en Puerto Vallarta a mediados de noviembre de 2008, fuimos ratificadas al frente del Comité de Migraciones de la IS.
En el informe nos propusimos uniformar en un solo concepto de Migrantes, a la gran cantidad de categorías existentes, tales como inmigrantes, emigrantes, transmigrantes, migrantes ecológicos, etcétera.
Evitamos usar términos como ilegales, irregulares o clandestinos, para usar el concepto de trabajadores migratorios indocumentados, plasmado en la Convención Internacional de Protección a los Trabajadores Migratorios y sus Familias, aprobado por la Asamblea General de la ONU en l990.
A principios de julio de 2008, cuando presentamos el Informe del Comité de Migraciones al Congreso Mundial de la Internacional Socialista, recién se había aprobado la Directiva del Retorno, por el Parlamento Europeo que castiga duramente a los migrantes que ingresan a la Unión Europea. En el proyecto de resolución sobre el tema migratorio, decíamos que era la legislación más antiinmigrante que ha adoptado ese organismo en su breve historia.
La mayoría de las delegaciones de los partidos socialistas y socialdemócratas europeos se opusieron a nuestro proyecto de resolución, y después de un intenso cabildeo y discusión logramos una redacción de consenso, donde se privilegió el tema de la protección de los derechos humanos y de sus familias.
La resolución final adoptada asentó que “la Directiva de Retorno, adoptada recientemente por el Parlamento Europeo, ha generado preocupación y rechazo en América Latina por los procedimientos de retorno y sus consecuencias para los derechos humanos básicos de los migrantes.”
“La Internacional Socialista considera pertinente que en el proceso de implementación de esta nueva política migratoria de la Unión Europea, se garanticen plenamente los derechos humanos y laborales de los migrantes, en especial de los niños –incluyendo no poder ser separados de su familia- tomando siempre en cuenta todos los aspectos del complejo fenómeno migratorio internacional.”
Los socialistas democráticos de todo el mundo estamos obligados a darle un enfoque humanista al fenómeno migratorio. Las migraciones han sido constantes desde tiempos antiguos, pero las que se desarrollan a principios del siglo XXI no tienen precedentes. Las migraciones internacionales se han mundializado, aunque en un planeta crecientemente globalizado, la movilidad de las personas se ha visto severamente restringida.
A principios del siglo XXI hay casi 200 millones de personas que viven fuera de su país de origen, según las Naciones Unidas. Entre 1750 y 1950, unos 70 millones de personas abandonaron Europa en busca de una vida mejor. Ahora las fuentes de la migración internacional son Asia, América Latina y África, que prefiguran otro mapa migratorio. África es un continente de migrantes, hecho que aún no ha sido aceptado por Europa. América Latina y el Caribe, con el 13 por ciento de los migrantes, es la primera región receptora de remesas. En el Golfo pérsico, más de la mitad de la población activa es extranjera. En Asia, la migración se ha potenciado con los cambios en China.
Las causas de la globalización migratoria son diversas, desde la miseria y la necesidad de mano de obra hasta la mundialización del transporte y de la información, que han disminuido el tiempo y el espacio. Pero la economía subterránea no es el resultado de la migración indocumentada, sino su causa fundamental, el efecto llamada. Si los trabajadores migrantes fueran a la huelga todos juntos, en todo el mundo, las economías de los países ricos se verían descalabradas y los países con más migrantes, privados de los envíos de dinero, se arriesgarían al colapso.
La migración produce efectos económicos benéficos tanto al país emisor y al país receptor, pero en las sociedades democráticas se plantea otro reto: cómo integrar a los migrantes como ciudadanos con plenos derechos. “Queríamos mano de obra y llegaron personas, ciudadanos con exigencia de plenos derechos”, escribió Max Frisch.
Y las respuestas de las sociedades occidentales son distintas. Estados Unidos, que es un país de migrantes, se siente inseguro y poco receptivo por la cantidad de recién llegados. Una de las lecciones del modelo multicultural canadiense es que resulta esencial una política basada en los derechos humanos, la igualdad y el reconocimiento cultural. El asesinato en Holanda, del líder populista Pim Fortyun, ha endurecido el discurso holandés, inicialmente también multicultural.
En la Unión Europea, la migración es una de las fuentes de la diversificación de su diversidad, ya que introduce otras religiones y otras culturas, en un continente donde las fronteras internas han dejado de ser estrictas fronteras, y donde las políticas de ciudadanía pueden derivar en contenciosos entre los estados miembros.
En Europa, donde los procesos de exclusión social del inmigrante forman parte de la crisis de la nación y del Estado de bienestar, se vive la migración de manera esquizofrénica, entre la oportunidad y la inseguridad, hasta el punto de que el ascenso de la nueva derecha populista puede poner en peligro el proyecto de integración.
Con el triunfo de Barack Obama en las recientes elecciones de los Estados Unidos, y en la medida en que el voto latino se incrementó a favor de los demócratas y nuestro voto fue clave en varios estados “bisagra”, nuestra comunidad ha vuelto a retomar el tema de una Reforma Migratoria Integral y Comprehensiva, que regularice la situación migratoria de 12 millones de indocumentados que laboran en la economía estadunidense, de los cuales 6 millones son mexicanos. La cancelación de la construcción del Muro Fronterizo, será una positiva señal para las relaciones México-Estados Unidos.
Hay que apostar a que la nueva administración demócrata, y sobre todo la nueva Secretaria de Estado que tomará posesión el 20 de enero de 2009, la actual senadora Hillary Clinton, sea más receptiva al planteamiento que ahora debemos renovar, en el sentido de que necesitamos fondos compensatorios, fondos de inversión, de cohesión social, que permita desarrollar zonas de alta marginación económica y social, como el Estado de Zacatecas, expulsoras de mano de obra.
Estos fondos, que no existen en el LCAN, pero que sí en el pacto constitutivo de la Unión Europea, permitieron que España, Portugal y Grecia, recibieran cuantiosos fondos europeos que les facilitaron un despegue económico, que los ha igualado a los estándares europeos.
Propuestas claras y precisas, así como la movilización de nuestra comunidad, serán claves para seguir abordando desde la perspectiva mexicana, el fenómeno migratorio, que se recrudecerá –de ida y de regreso- ante la perspectiva del agravamiento de la actual crisis financiera internacional.