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La hora de los deportados

Última modificación 10/10/2008 19:34
por luisg

El esquema migratorio está cambiando sin que el gobierno mexicano esté preparado para enfrentar la nueva situación. De ser un país de tránsito y expulsor, México se está convirtiendo en receptor por dos vías: la migración centroamericana y la deportación de miles de connacionales que ya no son “útiles” en el contraído mercado laboral del norte.

Por: Eduardo González Velázquez

A lo largo del siglo XX y los años que llevamos del XXI, la migración de mexicanos hacia Estados Unidos ha sido muy conveniente para nuestro país, y en particular para el gobierno. Resulta muy cómodo que el mercado laboral estadunidense absorba una parte significativa de nuestra mano de obra desempleada. Sin importar las características cualitativas y cuantitativas de la migración México-Estados Unidos a lo largo de la historia, las diversas etapas del flujo migratorio se han caracterizado no sólo por aminorar las altas tasas de desempleo en nuestro país, sino por oxigenar la economía mexicana con las remesas que envían nuestros connacionales. Al menos en los últimos cien años el esquema había sido “perfecto” y cada día daba muestras de “mejorarse” en beneficio del propio gobierno y de amplios sectores de la población.

Con el flujo migratorio el gobierno mexicano obtiene muchas ventajas, a saber: la población en edad productiva migra en caso de no obtener empleo, con lo que el índice de desempleo no aumenta tanto ni tan rápidamente. En los años setenta del siglo pasado migraban 80 mil mexicanos por año, para principios del siglo XXI lo hacen 650 mil. El gobierno se desentiende de la atención de los ciudadanos que son obligados a migrar, es decir, para ellos no se destina recurso alguno para salud, educación, pensiones, seguridad, recreo, cultura, y un largo etcétera. La cereza en el pastel son las cuantiosas remesas que manda la paisanada, dinero fresco y abundante que activa el mercado interno de amplias zonas del país, y se constituye en el pilar económico de millones de familias que de no recibir esos recursos caerían a niveles de pobreza aún mayores a los que padecen. Las remesas comenzaron a crecer exponencialmente desde cinco mil millones de dólares por año hasta alcanzar la cifra récord de poco más de 24 mil millones de dólares por cada doce meses, con lo que nuestro país se significa en como el segundo receptor de dinero proveniente de los “exiliados económicos” sólo atrás de la India. En este contexto el gobierno no se preocupó, y menos se ocupó, de proyectar planes económicos, políticos y sociales para cuando el esquema cambiara. El futuro estaba resuelto: cada día migrarían más desempleados y mandarían mayores cantidades de dinero. Por todo ello, el esquema resultaba perfecto, y por supuesto muy conveniente; además se pensaba eterno.

Para sorpresa y “preocupación” del gobierno mexicano el fenómeno migratorio está cambiando. Las condiciones económicas en Estados Unidos comienzan a impactar y a modificar el antiguo esquema; la coyuntura que se presenta es harto compleja y afecta en diversas direcciones a nuestro país. Por un lado, se agudiza la política de las redadas y las deportaciones en nuestro vecino del norte, lo que ha ocasionado que de enero del 2007 a julio de 2008 el gobierno estadunidense haya deportado a 885 mil mexicanos (Proceso, 1665). Las deportaciones han aumentaron más de un 60 por ciento en los últimos cinco años (La Opinión, 5 de septiembre de 2008). Varios de estos connacionales están regresando a buscar trabajo y ejercerán una fuerte presión sobre la ya disminuida oferta de empleo en nuestro país. Aunado a esta política, cada día aumentan el número de leyes antimigrantes en los diversos estados de la Unión Americana que complican aún más la permanencia en ese país de miles de migrantes ilegales.

Aunado a esto, las remesas a nuestro país han disminuido sensiblemente debido a la recesión económica en Estados Unidos que ha sido más aguda en sectores con mayor presencia de trabajadores migrantes mexicanos; a la tasa de desempleo que ya rebasó el 6 por ciento; y a que miles de migrantes han salido de México en compañía de toda su familia. Sólo el mes de agosto estas divisas cayeron a mil 937 millones de dólares, un descenso de 12.2 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2007, la más grande caída desde 1995 año en que se comenzó a medir estos recursos. De enero a agosto de este año las remesas representaron para el país un ingreso de 15 mil 553 millones de dólares, una caída anual de 4.2 por ciento con respecto a 2007 (La Jornada, 2 de octubre de 2008). Al final del año (porque faltan los recursos decembrinos) se espera que la reducción en las remesas sea de al menos 3 por ciento con respecto al año anterior. Así las cosas, México no solamente está recibiendo miles de deportados para los que no tiene una oferta de trabajo, sino que además está dejando de beneficiarse de las remesas. Menos dinero y mayores compromisos.

Por si esto fuera poco, nuestro país comienza a recibir miles de cubanos y centroamericanos quienes ya ven como primera opción la migración a México, son miles de latinoamericanos que ya están avecindados de manera legal e ilegal en nuestro país. De tal manera que México está recibiendo cada día mayor mano de obra por el sur y por el norte para un mercado laboral que no la puede absorber. No estamos diciendo con esto que el flujo de mexicanos a Estados Unidos se va a terminar, seguirán siendo miles los que salgan huyendo de aquí, pero seguramente menos que hace un par de años, y no porque aquí encuentren trabajo, sino porque en estos momentos en Estados Unidos existen menos oportunidades de emplearse y la recesión por la que traviesan, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), durará más tiempo de lo previsto, quizá hasta finales del año entrante; por otro lado, los migrantes seguirán sufriendo una férrea política persecutoria que los criminalice.

Estoy cierto que el gobierno mexicano no está preparado para el cambio en el esquema migratorio, de ser un país expulsor nos estamos convirtiendo en receptor por dos vías: el sur, con centroamericanos y cubanos; y el norte, con mexicanos deportados; y lo más delicado de esto es que estamos recibiendo migrantes no por ofrecer adecuadas condiciones de vida como actualmente es el caso de España. Asimismo, las remesas están disminuyendo, y nuestra economía atada a la economía estadunidense ya comenzó a resentir la recesión del vecino del norte; el comercio con Estados Unidos de materias primas y de productos terminados se reduce y el desempleo aumenta porque parte de nuestra planta productiva agrícola e industrial se ve forzada a reducir la intensidad de sus actividades. Para todo ello el gobierno mexicano no se preparó. A no dudar: apostaron a que el esquema harto cómodo de expulsar desempleados y recibir sus millonarios recursos sería para siempre.

 

ihuatzio@hotmail.com

 


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