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El deportado que sólo hablaba inglés

Última modificación 25/09/2008 21:20
por luisg

Creció como David Lawrence Greene. Ya adulto, un problema legal lo enfrentó con la migra. Fue deportado porque le dijeron que en realidad se llamaba Carlos Martínez Plata. Lo echaron a la frontera: nunca había estado en México y sólo hablaba inglés.

Por: Armando G. Tejeda.

“Soy un inmigrante. Vagabundo. Nómada. Refugiado. Vagando sin sentido. Sin casa… sin ningún lugar propio. Constantemente me desheredan. Soy mexicano, pero rechazado. Soy judío pero descartado. Soy hispano pero sólo hablo inglés. Soy un cristiano, pues es lo que significa: que he vuelto a nacer. Soy estadunidense pero la migra dice que tendrá que volver a intentarlo, pues soy alguien ajeno. ¡No puedo ganar! ¡Me rindo! ¡Serás tú quien me digas quién soy!”

Este es el fragmento de una carta-poema personal, expulsado desde la furia de su situación de David Lawrence Greene, según él creía hasta los 29 años, y de Carlos Martínez Plata, según le dijo la policía de migración que se llamaba.

La historia de Carlos, o de David, como se prefiera, es tan rocambolesca pero que al mismo tiempo muestra la crudeza y dureza de la política migratoria de Estados Unidos, sobre todo la que se empezó a aplicar a partir del 2007.

En resumen, la historia de Carlos/David es la siguiente: nació en Santa María Zoyatla, en 1977, si bien con tan sólo dos meses fue dado en adopción a una pareja de estadunidenses de origen judío. Ingreso a Estados Unidos ese mismo año e inició su vida en Nueva York, bajo el amparo de su nueva familia, su nueva identidad, incluso su nueva religión. Durante todos estos años, Carlos/David tuvo una vida “normal”: fue a la escuela, era aficionado al béisbol, cuidaba de sus padres, tenía su “greencard” y hasta “voté para dos presidentes”.

Después de tener un pequeño problema legal, que le llevó a prisión durante 10 meses por una relación con una chica menor de edad –“yo no sabía que era menor de edad, pues ella siempre me dijo que tenía 19”, explicó-, Carlos/David esperaba ansioso cumplir la sentencia para volver a su vida rutinaria en Nueva York. Estar con los amigos, acudir a su trabajo –era chofer de limosinas- e ir de vez en cuando a algún bar o discoteca para escuchar música hip-hop. Pues se confiesa un apasionado de esta música y él mismo es “Dj”.

Pero antes de cumplir sentencia, un grupo de “tres o cuatro policías de la migra” le fueron a visitar a la prisión e iniciaron un interrogatorio que transcurrió de la siguiente manera:

-¿Conoce usted Carlos Martínez Plata?

No

-¿Está seguro de que nunca ha visto no ha escuchado hablar de Carlos Martínez Plata?

-No. No tengo idea de quien es esa persona, jamás he escuchado ese nombre. Nunca…

-Qué raro. Porque es usted Carlos Martínez Plata. Usted ingresó a los Estados Unidos de manera ilegal en 1977. Y va a ser deportado.

Después de este interrogatorio, Carlos/David permaneció en prisión durante el proceso judicial que finalmente autorizó su deportación, por el “delito” de haber ingreso a EU de “manera ilegal” cuando él tan sólo tenía dos meses de edad. Lejos de recibir algún tipo de ayuda por parte del que hasta entonces consideraba su país, este joven fue abandonado en la frontera de Matamoros, como dejan a tantos migrantes mexicanos a diario. La diferencia con el caso de Carlos/David era que no sabía español, jamás había estado en México, no tenía ni un solo peso y no tenía a dónde ir, pues no conocía a nadie y tampoco sabía nada de su familia.

Un encuentro fortuito en la cárcel de migración le permitió conocer a Carlos/David a un mexicano que también fue deportado y que era originario de un pueblo de la sierra de Puebla. Con enormes dificultades llegó Carlos/David hasta allá, donde entró en contacto con la pobreza extrema de esta región, pero también con gente que le abrió su casa y se dio solidaridad.

“Y así estoy desde hace más de un año, fuera del que yo creía mi país, con mi situación migratoria en el aire, sin papeles que acrediten ninguna de mis supuestas dos identidades y trabajando de lo que sea para poder comer”, explicó a La Jornada Carlos/David, que vive en estos momentos en Atlixco y recibe el apoyo de organizaciones de apoyo a los migrantes.


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