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“En México está feo”

Última modificación 24/08/2010 19:28
por luisg

Gabriela Lizárraga no ve otro camino que aferrarse a esta tierra: “Por mi educación, por mi futuro”. ¿México? “¿Usted cree que vamos a querer regresar allá, con lo feo que está, con la violencia y todo en manos de los narcos?” Ah, la “percepción” que dice el presidente Felipe Calderón.

Por: Arturo Cano

En las marchas y plantones de Phoenix ha andado Gabriela Lizárraga, de la Cruz de Elota, Sinaloa. Ella cruzó el desierto caminando con unos tíos y su hermano menor. “Todavía me acuerdo, aunque tenía cinco años”. En varias ocasiones ha caminado desde su lejana high school, hasta el Capitolio estatal, para protestar contra la ley SB 1070. Se le vio ahí varios días con el poblano Pedro, las hermanas chihuahuenses Guadalupe e Itzel Martínez y la cachanilla Paola.

A sus 15 años, Gabriela tiene muy claras las razones de la gobernadora Jan Brewer y los legisladores: “Buscan la reelección y son racistas, todo junto”. En su familia, sólo sus hermanos más pequeños, nacidos aquí, están “a salvo”. Todos los demás, incluyendo a su mamá que trapea los cuartos de un hospital, eran y son, con o sin ley racista, candidatos a la deportación.

Gabriela no ve otro camino que aferrarse a esta tierra: “Por mi educación, por mi futuro”. ¿México? “¿Usted cree que vamos a querer regresar allá, con lo feo que está, con la violencia y todo en manos de los narcos?” Ah, la “percepción” que dice el presidente Felipe Calderón.

“¿Conocen alguien que haya sido víctima del alguacil Joe Arpaio?”

“Pues aquí los está viendo”, dice Gabriela, mientras juguetea con su celular rosa, decorado con bisutería colorida.

A su lado, Itzel, la más grande del grupo, informa que tiene 25 años y trabaja en el segundo turno en un taller, donde hace pipas de vidrio soplado. “El dueño es gringo y todo el tiempo nos dice que si nos vamos, él va a quebrar”. La cuenta es simple: de los 50 empleados, sólo diez tienen papeles.

Hace unos meses, Itzel chocó su carro. El patrullero nunca se interesó por quién había tenido la culpa ni quiso saber si la otra conductora tenía “aseguranza”. “¿Eres ilegal o no?”, le preguntaba una y otra vez.

Finalmente, le quitaron su coche durante un mes, como castigo por no tener la licencia de manejo, un documento al que los indocumentados, por supuesto, no tienen derecho.


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