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Las devociones de los migrantes: de la Guadalupana al Santo pollero

Última modificación 14/01/2009 22:48
por luisg

“Gracias Santo Toribio Romo, por habernos hecho el milagro de encontrar el cuerpo de nuestra hija Maribel que murió en el desierto el día 2 de junio de 2007, y con tu valiosa ayuda la encontramos tres días después y le dimos cristiana sepultura el 27 del mismo mes”. La familia de Maribel Gutiérrez Jiménez fue a colgar el desgarrador agradecimiento en una de las paredes de la capilla donde miles de migrantes van a pedir la intercesión de Santo Toribio, el nuevo santo pollero. Aquí, un recorrido por las devociones de los migrantes

Por: Arturo Cano

Las hermosas cabelleras negras cuelgan ahora en una pared, rodeadas de trozos de papel con mensajes felices o esperanzados, con historias terribles. Hay también muchas fotos. Diez marines miran a los mirones metidos en sus uniformes, duros y serios. Claudia Michelle Mendoza, una niña de diez años, sonríe en su foto porque le dieron la visa estadunidense.

En ese cuarto consagrado a los ex votos, a los milagritos, puede saberse también que Maribel Gutiérrez Jiménez era gordita. Ella mira al mirón desde su foto escolar, tamaño infantil, con el cabello recogido y una expresión formal. Maribel no vino a dar las gracias al santo pollero de los Altos de Jalisco. Su familia lo hizo por ella. Cubierto a medias por trenzas y ropas de bebé, detrás de unas fotos de camionetas chocadas, cuyos ocupantes sobrevivieron, y de otras de heridas terribles que no causaron la muerte, está un cuadro con su historia.

“Gracias Santo Toribio Romo, por habernos hecho el milagro de encontrar el cuerpo de nuestra hija Maribel que murió en el desierto el día 2 de junio de 2007, y con tu valiosa ayuda la encontramos tres días después y le dimos cristiana sepultura el 27 del mismo mes. Familia Gutiérrez Jiménez. Lagos de Moreno, Jalisco”.

Los mirones saben por qué Maribel murió en el desierto, pues muchos de ellos vienen a pedir que los mantenga vivos.

Toribio Romo es, por obra y gracia de un cura con “visión de negocios” y el apoyo de un obispo y un arzobispo, el santo de quienes cruzan la frontera sin papeles. El cura Toribio Romo, asesinado por el ejército federal en la guerra cristera, nunca dejó los límites de Jalisco, según su biografía oficial. Sin embargo, anda todo el tiempo de un lado a otro de la frontera y ya hasta tiene una sucursal de su santuario en Estados Unidos.

Arriba de la foto de Maribel hay una del oficial Martínez, graduado hace poco como patrullero de caminos en California. La madre del oficial vino a poner aquí un recorte de periódico que pegó en una hoja: “Local men completes California Highway Patrol training”. En los bordes, la señora escribió su petición: “Cuida a mi hijo de la gente mala que se va a encontrar en su camino”.

Es muy probable que Maribel se haya topado con alguna de esa “gente mala”: los coyotes que la abandonaron en el desierto.

Tenía apenas 18 años.

De milagros a milagros

Santa Ana de Guadalupe era un pueblo donde sólo los muertos se quedaban. Incluso la familia directa de Toribio Romo, muerto en 1928 en Tequila, jamás volvió. Un letrero viejo, a la entrada informa que tiene 390 habitantes. Uno más reciente dice que son 290.

Sigue siendo un pueblo enano pero ahora tiene negocios a diestra y siniestra, además de construcciones por doquier. Destaca, por supuesto, una enorme: el nuevo santuario de Santo Toribio, con capacidad para dos mil peregrinos, la mitad sentados.

A la entrada del santuario que pronto entrará en desuso, una mujer igualita a las Romo de las fotos antiguas, explica las maravillas del nuevo santuario frente a una maqueta que anticipa los cuerpos del edificio, la capilla, el estacionamiento.

En eso está cuando se aparece otra muchacha con cara de susto: “¡Se robaron la cajita!” Los cuatro encargados de vigilar la capilla entran en febril actividad. Algunos peregrinos les cuentan que un hombre tomó la caja de las limosnas, colocada justo al lado de un pequeño féretro encadenado bajo el altar, donde se guardan los restos de Toribio Romo. Dicen que muy quitado de la pena se metió con la alcancía al cuarto contiguo. “No dijimos nada porque pensamos que era alguien de aquí mismo… como se metió para allá”, dice un testigo.

La mala nueva corre rápidamente entre una y otra capilla. Justo a la mitad del camino entre ambas, Guadalupe Romo, padre de la muchacha asustada explica los detalles del robo mientras atiende su negocio de recuerditos del santo y otras chucherías. “Aquí me puse sin decirle al padre, al fin que él tiene todas las concesiones de los restaurantes y las tiendas”.

Quizá haya muchos regaños por el robo de la cajita, pero es seguro que Santo Toribio se recuperará pronto de la pérdida.

Cada una de las capillas tiene al menos un par de edificios anexos, un restaurante y una colecturía, que no es sino una tienda donde se venden llaveros, vasos, rosarios, playeras, calendarios e imágenes del santo de todos los materiales, tipos y tamaños. Las pocas calles del pueblo también están llenas de restaurantes que compiten por ganar a los peregrinos que llegan en autobuses turísticos: “Aquí comen gratis el chofer y el organizador”.

Detrás de la primera capilla hay tres edificios que forman el “centro de reflexión” para curas y seminaristas: 24 habitaciones, sala de juntas, oratorio, comedor y un patio central con una cascada.

Guadalupe donó un trozo de su maizal para la construcción de la “Calzada de los Mártires”, un andador adoquinado que une las capillas y donde los visitantes pueden ver los bustos de los 25 “mártires cristeros”. En la base de cada busto se informa de la fecha de nacimiento y “martirio” de cada santo, así como sus últimas palabras. La mayoría murió al grito de “¡Viva Cristo Rey!”. Toribio Romo, cuyo busto se encuentra al final del andador, por encima de los demás, alcanzó a decir, según el monumento, “Señor, aceptarás mi sangre por la paz de la iglesia”. Sin embargo, en la historieta basada en la biografía escrita por su hermano, Toribio en realidad sólo dijo: “Sí, soy yo, ¡pero no me maten!”.

Sea cuales fueren sus últimas palabras, Toribio tendrá pronto su nuevo y moderno santuario, a un costo de 100 millones de pesos gracias, entre otras cosas, a la promoción del gobierno del estado de Jalisco, que incluye a Santa Ana de Guadalupe en uno de los cuatro “circuitos cristeros” que abarcan 20 municipios de Los Altos.

En su página web, el gobierno de Jalisco promueve los atractivos del “turismo religioso”. Por ejemplo, la Parroquia de San José, en San Julián, “donde son visibles los impactos de bala del combate del 15 de marzo de 1929, donde intervienen Victoriano Ramírez El Catorce y el Gral. Miguel Hernández quienes derrotan al Federal Espiridión Rodríguez”.

Historias similares son contadas desde el púlpito a los peregrinos que llegan a ver a San Toribio. En una pared de la capilla más antigua cuelga la foto familiar de los Romo. Junto a Toribio está su hermano Román, más joven y también sacerdote.

Fue Román quien trasladó sus restos a este lugar, pero no fue lo único que hizo para mantener viva la memoria de su consanguíneo. Cada año organizaba una peregrinación a la capilla de Santa Ana de Guadalupe e incluso dictaba las normas de comportamiento en el pequeño poblado.

Una investigación de Regina Martínez Casas y Guillermo de la Peña, del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados en Antropología Social- Occidente (CIESAS), informa que Román logró que entre 1946 y 1970 se enseñara el catecismo en la escuela pública del lugar. Además, Santa Ana no tuvo electricidad hasta 1970, pues el hermano del santo quería evitar la llegada de la dañina televisión.

El cura Román fue durante más de tres décadas el líder espiritual del barrio de Santa Teresita, en Guadalajara: ahí, prohibió las cantinas, determinaba quienes debían ser los policías y fundó escuelas, una de las cuales nombró Agustín de Iturbide (Masiosare, 4 de agosto de 2002).

El milagro del góber

Los milagros de Santo Toribio no son sólo para los migrantes. El candidato panista Emilio González Márquez repartió estampas del santo durante su campaña y ahora es gobernador.

Quizá la donación de 90 millones de pesos del erario público para el Santuario de los Mártires -que se edifica en Guadalajara gracias a la obsesión del cardenal Juan Sandoval Iñiguez de tener un templo más alto que la Iglesia de La Luz del Mundo-, no haya sido sino una manda del góber piadoso.

Como se sabe, la donación no se concretó y los 30 millones ya entregados fueron devueltos, con intereses, por el patronato del santuario, tras las fuertes críticas que recibió la decisión del gobierno estatal.

La reversa no ha impedido que el gobernador siga financiando, con recursos públicos, la Ruta del Peregrino y diversos templos para venerar a los santos cristeros.

Según sus voceros, el gobierno jalisciense no pretende sino promover el desarrollo de los pueblos y ciudades que visitan miles de peregrinos, dotarlos de servicios y hoteles para que “la derrama” les quede a los lugareños.

Quizá el éxito de Toribio Romo ha permitido que su santuario no requiera de la ayuda oficial directa.

Las millonarias limosnas darán para que el nuevo santuario cuente con una banda giratoria que permitirá a los peregrinos observar de cerca las reliquias de Toribio Romo: sus ropas de muerte manchadas de sangre, sus libros y dos frasquitos que contienen un polvillo pardo que fue, dice un letrero, “la sangre del mártir”.

Todo, en un pueblo que no tenía párroco. Gabriel González Pérez llegó en 1997 y pronto tendrá un santuario de 100 millones de pesos. Vive a unos pasos de la capilla más antigua, en una casa de amplias terrazas y jardines, que cuenta con cancha de frontenis.

En mayo pasado viajó a Estados Unidos para encabezar la ceremonia de apertura de la primera sucursal de Toribio Romo, en Tulsa, Oklahoma.

Según L’Osservatore Romano, diario oficioso de El Vaticano, el mexicano Simón Navarro tuvo la idea, frente a la aprobación de una ley que, entre otras cosas, prohibía rentar casas a inmigrantes sin documentos.

El 25 de mayo de 2008 se realizó una procesión del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe a la parroquia de San Pedro y San Pablo, en Tulsa. Según la prensa local, cientos de personas acompañaron la figura del “patrono de los migrantes” a su nueva morada.

¿Cómo se hace un santo?

Cuando es imposible obtener la protección física, se opta por la protección espiritual. Prohibidos los amuletos en la cosmovisión católica, el protector ha de ser una persona, el intermediario entre el necesitado de cobijo y el todopoderoso. Los ex votos de Santa de Guadalupe, por tanto, no agradecen a Toribio Romo el milagro, sino haber intercedido por ellos ante el Altísimo. Más o menos así lo explica, si la memoria no traiciona, Jorge Fernández Font, ex jesuita y talentoso estratega en comunicación, con quien se conversa en las inmediaciones de Ajijic, paradójicamente uno de los lugares de mayor “migración inversa” en México. Basta andar por las calles para darse cuenta de la sobrepoblación de cabelleras rubias y los letreros bilingües en casi todos los negocios, de la vieja peluquería del pueblo a la más pequeña lonchería o el más lujoso restaurante.

Cosas de la economía global. Ajijic es lugar histórico de los y los pueblos aledaños se producen moras y hortalizas sólo Lo curioso es que incluso en la ribera del Lago de Chapala, donde viven miles de extranjeros jubilados que pagan 40 pesos la hora de servicio doméstico, hay migración hacia el norte.



*Una versión reducida de este texto se publicó en la versión impresa de La Jornada.

 


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