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Sombras nada más

Última modificación 17/11/2008 18:59
por luisg

Apozol, Zacatecas, un municipio vacío como muchos de las zonas “expulsoras” de migrantes, comienza a resentir los efectos de la crisis estadunidense. De Guadalajara a Zacatecas andando por la carretera libre, aparecen pueblos como Moyahua, Juchipila, Apozol, Villanueva, entre otros, donde un paisaje paradisíaco se cubre de soledad y olvido, el ambiente se torna gris a la vez, pues a pesar de estar rodeado de montañas, planicies, rancherías, plantíos que no tienen desperdicio, se entristece por la gran cantidad de negocios cerrados, casas sin habitantes, escuelas sin niños, iglesias sin fieles y plazas vacías con la nostalgia que cubre a pueblos despoblados.

Por: Dinoraha López y Moisés Maldonado

De Guadalajara a Zacatecas andando por la carretera libre, aparecen pueblos como Moyahua, Juchipila, Apozol, Villanueva, entre otros, donde un paisaje paradisíaco se cubre de soledad y olvido, el ambiente se torna gris a la vez, pues a pesar de estar rodeado de montañas, planicies, rancherías, plantíos que no tienen desperdicio, se entristece por la gran cantidad de negocios cerrados, casas sin habitantes, escuelas sin niños, iglesias sin fieles y plazas vacías con la nostalgia que cubre a pueblos despoblados.

Estos pueblos hace tiempo que poco a poco se fueron quedando sin la riqueza más preciada: su cultura.  Se ha perdido porque ya no hay quien la trasmita. A los que se quedaron en su mayoría mujeres, niños y ancianos, ganas de irse no les faltan pues los demás integrantes su familia andan en el norte, los detienen diversos inconvenientes.

Primer parada ¡Apozol!, un pintoresco pueblo de 5 mil 898[1] habitantes, no obstante entre calles estrechas empedradas y casas sobre la montaña se respira un aroma de desolación, apenas se asoman ancianos con una pasividad para contemplar el día sin inmutarse.

En la cima del pueblo hay una capilla rosada, cerrada por cierto, ahí es donde aparece un campesino que ronda los 60 años de nombre Miguel. A su aparición comenzamos la conversación, como quien pregunta algo para que le cuenten todo, ya entrados en confianza nos cuenta que cerraron la capilla porque los chavos que quedan “se robaron lo que había adentro “, pues como no tienen trabajo se dedican a delinquir.

En las plantaciones aledañas se produce calabaza, guayaba y maíz, señala que es producción de los Valenzuela, una familia con herencia en la agricultura del pueblo. Hablando de producciones le soltamos el buscapiés: “Oiga, ¿y, las remesas?” “Uy esa es la mejor producción que hay”. Verdades de a kilo salen de las palabras de don Miguel. Paradójicamente la relación de dependencia a las remesas es, después del petróleo, la mejor actividad económica que tenemos, aunque viene a la baja.

En la charla, don Miguel dice que en el pueblo no hay donde cobrar los dólares que mandan, tienen que ir al Western Union de Juchipila. Y, no quita el dedo del renglón para remarcar que aparte de la familia que recibe el dinero, otros se deleitan con las mieles de las remesas, pues dice, “uno manda mil 500 dólares y reciben mil 200”. Los migrantes se preguntan: ¿dónde quedó la bolita?

Las remesas no viven de Apozol, pero Apozol sí vive de las remesas, que se usan en el gasto corriente y para uno que otro arreglo a la vivienda. Un problema relacionado con las remesas es que no se forman economías en cadena que generen empleos. Y, el migrante tiene una respuesta innegable, pues aparte de salir  huyendo por las terribles condiciones de vida, es un descaro e ironía pedirle que a costa de su sudor genere empleos donde no reside (el famoso programa 3X1), pues es responsabilidad de otros actores.

Desde la cima junto a la capilla, don Miguel señala los restoranes de mariscos ubicados a orillas de la carretera. Cuenta que cuando se fue no había ningún negocio de “esos”, todos son propiedad de gente que radica en Estados Unidos, los restoranes diseñados estilo fast-food son grandes, con gran cantidad de mesas, bien pintaditos, arregladísimos y casi bilingües.

Estos generan varios empleos, más como se ubican a pie de la carretera propician que los viajantes sólo se detengan a comer y prosigan su camino sin entrar a conocer el pueblo. Apozol pasa desapercibido para quienes transitan la carretera, los negocios desvían al que pasa, pues evita que además de comer mariscos, el viajante se detenga a gastar en los comercios y conocer el pueblo.

Además de restoranes la carretera se llenó de casas que desequilibran la arquitectura pues tienen rasgos de construcción tipo americano, estás son propiedades de migrantes para cuando vacacionan en México, lo malo no es la disparidad entre las viviendas nuevas y las antiguas o el desequilibrio arquitectónico, lo penoso es que están vacías.

Hasta el momento las remesas habían sido esa dosis de alimento para Apozol, sin embargo con la crisis económica de estadounidense,  aparece el virus de lo inesperado. El negocio de la migración se está desmoronando, ahora regresan a dar vida a los hogares fantasmas, los que quemaron sus naves antes de irse vienen a hacinarse con otros, vienen con todos los miembros, vienen por qué allá el trabajo se acabó, vienen a causa del aumento en el hostigamiento de las autoridades norteamericanas, vienen a sumarse al desempleo, sin dinero por la crisis, y peor aún es ¿cómo vamos a matar el hambre que viene con ellos?

Los especialistas debaten, unos dicen que su regreso es temporal, “mientras se compone todo allá”, otros que se avecina un regreso masivo, cualquiera que sea el resultado las estadísticas no mienten: -6.9%, las remesas “se cayeron” y sus alcances en la subsistencia sí son inmediatos.


Fragmento de un trabajo de investigación de campo, realizado para el tópico Migración: México–Estados Unidos impartido por el Dr. Eduardo Gonzáles en el ITESM, Guadalajara.



[1] INEGI (2008). Disponible en:  http://www.inegi.gob.mx/lib/olap/general_ver4/MDXQueryDatos.asp

 


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