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“¿Usted cree que un gringo va a tener las manos así?”

Última modificación 20/05/2010 22:16
por luisg

Así abre la sonorense Verónica Martínez, mientras toma y exhibe las callosas, despellejadas manos de Sergio, su marido, trabajador de la construcción. La pareja acaba de llegar al parque Armory, en el centro de Tucson, para sellar su participación en la primera marcha de sus vidas, una conmemoración que los migrantes han revivido en Estados Unidos, y que en Arizona tiene un significado especial tras la aprobación de la SB 1070, la más dura de las muchas legislaciones locales que en los últimos años han apretado tuercas contra los “sin papeles”.

Por: Arturo Cano, Enviado

Tucson y Phoenix, 1 de mayo. “¿Usted cree que un gringo va a tener las manos así?”, dice la sonorense Verónica Martínez, mientras toma y exhibe las callosas, despellejadas manos de Sergio, su marido, trabajador de la construcción.

La pareja acaba de llegar al parque Armory, en el centro de Tucson, para sellar su participación en la primera marcha de sus vidas, una conmemoración que los migrantes han revivido en Estados Unidos, y que en Arizona tiene un significado especial tras la aprobación de la SB 1070, la más dura de las muchas legislaciones locales que en los últimos años han apretado tuercas contra los “sin papeles”.

Cinco mil personas marchan en Tucson. “Nos acaban de informar que hay marchas en 80 ciudades, ¡somos cientos de miles! ¡Sí se puede!”, grita la abogada y activista Isabel García desde el templete, en un extremo del parque.

Mientras eso ocurre, Verónica señala a un animal que descansa en el prado a la vera de su dueño. “¿Ve ese perrito ahí? Tan a gusto, tan tranquilo. En cambio nosotros… Poca gente sabe lo que es levantarse en la mañana, salir de la casa y no saber si vas a regresar o vas a terminar deportado. No saben lo que es el miedo”.

La marcha ha comenzado cerca de una capilla que hace las veces de comedor popular. Enfrente hay una casa donde un letrero avisa: “Casa de Ellie y Jerry”. Y una cartulina recién colocada dice: “No deporten a nuestros vecinos”.

Michelle Magee, mate e hija pequeña en mano, es una de las marchistas. Ofrece un sorbo de la infusión e informa que su marido es argentino, y que ella es pastora de la Iglesia luterana de San Juan Bautista. “En mi iglesia hay una mezcla de opiniones, pero nuestro obispo se ha manifestado a favor de una reforma migratoria y, bueno, creo que la mitad de nuestra gente no tiene documentos”.

Magee bebe otro trago y se arranca. “Danzantes y carreolas primero”, ordenan los organizadores. Y ahí va la parvada de niños con sus madres, con una cartel que recuerda a los legisladores republicanos autores de la ley: “Pearce, no se te olvide que 90 por ciento de los hispanos menores de 18 años son ciudadanos”.

Visto así, se entiende que haya legisladores republicanos que piden que los hijos de indocumentados sean echados del país donde nacieron.

Arranca la marcha. Varios políticos mexicanos prometieron venir a apoyar, pero sólo se ve aquí al perredista Saúl Escobar y al diputado José Narro. “Arpaio, fascista, tú eres terrorista”; “Aquí estamos, y no nos vamos, y si nos echan, nos regresamos”, corean al lado de ellos. 

Welcome to Nazizona 

Las plazas de Arizona (o Nazizona, como dice los carteles en la marcha migrante) están calientes. Y no sólo por la aprobación de la ley y las subsecuentes protestas de los migrantes y sus aliados. Sino también porque el sheriff del condado Maricopa, Joe Arpaio, ha aprovechado la presencia masiva de los medios de todo el mundo para exhibir su especialidad: aparatosos operativos con centenares de agentes y mucho equipo para aprehender en redadas a unas cuantas decenas de trabajadores sin papeles.

Por su algo faltara, el viernes, un mando policiaco del condado Pinal –a medio camino entre Tucson y Phoenix- recibió un tiro de cuerno de chivo  que, de inmediato, los medios locales atribuyeron a un “ilegal”, aunque ningún sospechoso fue aprehendido en el momento.

Entre la noche del viernes y la mañana del sábado, sin embargo, fueron aprehendidas 17 personas, tres de las cuales, según la policía, encajaban en la descripción de los atacantes de Louis Puroll, ayudante del sheriff. Para las detenciones, la policía desplegó helicópteros y más de 200 agentes de diversas corporaciones, incluyendo los SWAT.

Los otros 14 aprehendidos, también delincuentes en tanto indocumentados, fueron entregados al Servicio de Inmigración

Los noticieros de televisión y radio dieron por hecho, desde el principio, que el atacante fue un “ilegal”, puesto que la zona donde ocurrieron los hechos, en un paraje cercano a Casa Grande, es conocido por ser un “corredor de tráfico de ilegales y drogas”, según la policía.

“Nos van a echar la culpa de eso”, advertía desde la tarde del viernes Dolores Huerta, figura emblemática de la lucha de los migrantes, fundadora de la unión de jornaleros al lado de César Chávez. “Debemos responder con la no violencia. Debemos amor a quienes nos odian”, hablaba Huerta a puros muchachitos, mayormente en inglés.

Luego, la señora Huerta pidió  a los muchachos formar un círculo para cantar De Colores y también We shall overcome, de Bruce Springsteen. 

Algo personal 

Un día venceremos, remata la rola del jefe, cosa que no creen los treinta minuteman que se plantan a provocar frente al parque. Hombres y mujeres, la mayoría viejos, dejan los pulmones en un grito: “¡USA, USA!” Portan letreros que los definen: “México fuera de Estados Unidos”; “México, recuerda El Alamo”; “Boicot a México”. Uno de ellos, el más joven, viste una camiseta con la célebre foto del cadáver de Ernesto Guevara y esta frase: “El Che ha muerto, tus impuestos están trabajando”.

“¿Cómo ven a los de ahí enfrente?” “Pues los vemos muy chiquitos”, se ríe Sergio, el de las manos callosas, en referencia a que son un puñado apenas. Pero hacen ruido. Quieren provocar y cuando les contestan, pese a los llamados de los organizadores, consiguen lo que quieren: aparecer en las pantallas con sus letreros de “Yo apoyo la SB 1070”.

“Son puro güey pagado que nos envidia porque tenemos mejor calidad de vida que ellos”, dice Jaime Esquivel, oriundo de Cuernavaca y ya con larga vida en este país.

Salen en la televisión de todo el mundo, igual que otro grupito que se manifiesta en Phoenix. Pero no son, ni de lejos, los peligrosos, conviene Esquivel. Ahí está el sheriff Joe Arpaio, que pronto ha de decidir, a sus 78 años, si se lanza por la candidatura a gobernador por el Partido Republicano. Las encuestas y las columnas dicen que, si se decide, tiene segura la nominación.

No sería, claro, su primera incursión en la política. Algunos lo ven como el brazo armado de los conservadores antiinmigrantes, pero tal vez en realidad los legisladores actuales son su brazo político. Rusell Pearce, por ejemplo, es el senador estatal que encabezó la aprobación de la polémica ley 1070. Pero fue también, durante varios años, el segundo de a bordo de Arpaio en la policía. Cuentan en los diarios locales que fue herido en servicio y que hace poco, uno de sus hijos, también policía, fue herido por un inmigrante sin documentos. O sea que lo suyo es algo personal.

Y aunque la delincuencia haya disminuido 23 por ciento en el último año, los culpables siguen siendo los “ilegales”. 

Viva el Drinko de Mayo 

El 5 de mayo y sus alrededores –porque la fiesta se adelanta si no cae en fin de semana- son días de borrachera colectiva en Phoenix y muchas otras ciudades de fuerte presencia mexicana (en la capital de Arizona los restaurantes invitan a festejar el Drinko de Mayo).

Con todo, miles de personas vuelven al Capitolio a lo largo de todo el día. “¡Obama, cumple tu promesa!”, reclaman, y algunos hasta se manifiestan en los alrededores de un resort donde el vicepresidente Joe Biden participa en una cena de recaudación de fondos para el precandidato demócrata, Terry Goddard, quien es también procurador general del estado.

A la borrachera le entran lo mismo “hispanos” que güeros. Un dilema para estaciones de radio como La Campesina, fundada por César Chávez, que promueve más la pachanga que organiza que la marcha al Capitolio.

Es también una fiesta a la que acuden las bandas gruperas del momento y deportistas famosos. Pero quién sabe si los célebres beisbolistas decidan venir a esta fiesta o simplemente a jugar en el futuro.

La asociación de jugadores de las Grandes Ligas, a través de su director ejecutivo Michael Weiner, ha solicitado que la ley sea derogada o modificada pues podría “tener un impacto negativo sobre cientos de jugadores”.

Al menos un tercio de los jugadores no nació en Estados Unidos. “Cada uno de ellos debe estar dispuesto a probar, en cualquier momento, su identidad y la legalidad de su ser en Arizona”, dijo la asociación, al tiempo que el entrenador de los Medias Blancas de Chicago, el venezolano Ozzie Guillén, ha dicho que él no participaría en el Juego de las Estrellas, programado para el año venidero en Arizona, si la ley entre en vigor.

La decisión de los beisbolistas se suma a la del Consejo Mundial de Boxeo que prohíbe a peleadores mexicanos fajarse en Arizona. ¿Y si la pelea fuera contra Arpaio?


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